Nicolás Oyarzún dice que nunca le ha interesado ser el “mejor actor”. El segundo y el tercer puesto tampoco lo seducen. El cuarto lugar, en cambio, es perfecto para él, porque “ni siquiera hay que subirse al podio”. En esta entrevista, además, cuenta cómo el ser una persona extremadamente racional lo ha marcado, muchas veces, para mal. Le gustaría ser más arrojado, pero su cabeza no se lo permite. Está constantemente haciéndose preguntas y, como hay muchas interrogantes existenciales que aún no puede responder,tiene muchos miedos; el mayor de todos, a la muerte.
De las calles de La Boca a los estudios de televisión neoyorquinos, Trueno reflexiona sobre el peso de su historia familiar, el diálogo permanente con la cultura popular y el diseño de una estética propia.
Texturas, formas y colores se mezclan sin reglas precisas. Las siluetas encuentran nuevas combinaciones y lo cotidiano adquiere una nueva dimensión.