LIBERTÉ
Habitar la ciudad es vivir su ritmo. Un pulso constante que ordena y desordena, que empuja los cuerpos a moverse, a adaptarse, a expresarse. En ese flujo incesante, la moda aparece como un lenguaje propio: siluetas que nacen del tránsito, líneas que responden al movimiento, gestos que dialogan con la escala urbana.